En la obra de Luca Ponsato, el fuego funciona como un elemento simbólico y material que articula transformación, tensión y memoria: no solo aparece como imagen o rastro, sino como fuerza activa capaz de alterar la materia y el significado. El fuego introduce una ambigüedad constante entre destrucción y creación, dejando huellas, restos y superficies marcadas que convierten la obra en un testimonio de un proceso irreversible. Esta presencia refuerza una poética de lo inestable y lo transitorio, donde la imagen ya no es fija ni cerrada, sino el resultado de una combustión que revela fragilidad, violencia contenida y una energía latente que sigue actuando incluso después de extinguirse la llama.







