La obra de Shigeo Otake despliega un universo pictórico donde la naturaleza —especialmente formas orgánicas como hongos, insectos y criaturas híbridas— se entrelaza con estructuras arquitectónicas y paisajes imaginarios que desafían los límites entre lo real y lo simbólico, evocando a la vez mundos subterráneos, ruinas y ecosistemas latentes. A través de una técnica meticulosa en temple y óleo, sus pinturas construyen ecosistemas visuales que parecen explorar la historia natural, la memoria y los ciclos de transformación, presentando organismos que se convierten en metáforas de relaciones ecológicas, rituales y estados de transición entre especies y espacios, en los que lo familiar se funde con lo fantástico y lo oculto.








